Tú. Sí, tú. Aquel que me devuelve las ganas de vivir y de ver más brillante el mundo. Las aceras, los edificios, el cielo… todo lo que miro se transforma a través de mis ojos. Unos ojos más amables, alegres, musicales, soñadores.
Siento que cada sonido, cada canción, cobra un nuevo sentido cavando en lo más profundo de mi alma. ¿Es posible sentir todo, de repente, con más nitidez? Todo se vuelve mejor. No sé qué es esto, pero lo quiero. Alimenta mis ganas de vivir, soñar, escribir, cantar, y aprender a tocar aquella guitarra que sigue colgada sin ser tocada, rasgada. Es algo tan nuevo y distinto, algo bueno que va surgiendo y creciendo paso a paso. Esa clase de cosas que acaban siendo como tu sabor favorito de helado o como un cielo estrellado. Espectaculares.
Me siento inmersa en un buen libro, disfrutando cada página. Y dentro de mis planes no se encuentra el de dejar de leerlo. Abandonar estas sensaciones sería una caída en picado desde la luna, una estupidez.